Golpe de Estado 18 Julio .D. Victor Garaigordobil, no sabía, no entendía nada

CLICA

El seminarista que vio Otxandio bajo las bombas

 El periodista I. Gorriti en su reportaje en DEIA de 22 de Julio, con ocasión del 75 aniversario de la sublevación franquista, supongo que querría aportar el testimonio de alguien que hubiera vivido de cerca la masacre de Otxandiano por dos aviones de los sublevados que mataron, de la forma más alevosa y vil que se pueda imaginar, 61 personas e hirieron a otras muchas otras a los cuatro días de haberse producido la sublevación.

No obstante, no se hacía ninguna mención a tan horrible suceso en las manifestaciones de D. Víctor Garaigordobil, Obispo dimisionario de la misión de Los Ríos (Ecuador), que fue la persona que entrevistaba. D. Víctor es ya una persona mayor y muy respetable, pero, ay, sus no muchas declaraciones ofrecen una imagen bastante cuestionable de su actuación en los primeros días del golpe de Estado y aun en los que siguieron más adelante.

Empieza con justificaciones difícilmente aceptables, y menos en una sociedad que sufrió y siguió sufriendo muy largamente las consecuencias de la guerra. Dice que los militares sublevados españoles le llevaron a sus filas. “No había más remedio”, dice. “No sabíamos qué bando era uno ni otro, nada. Éramos una familia euskaldun que no sabía de política”. Tenía 20 años; llevaba sus carrera sacerdotal ya adelantada, nada menos que en el Seminario de Vitoria, un centro donde se conocía y vivía intensamente lo que estaba pasando. Aquel seminarista Víctor no podía no saber “qué bando era uno ni otro”, ni resguardarse en que su familia era una sencilla familia euskaldun.  En esos meses del 36 muchos jóvenes dieron un paso adelante para defender Euskadi y luchar contra los sublevados.

“Fui a Burgos. Tras un día allí me mandaron al frente de Otxandio y a Orduña”, resume. Y añade:. ¿Dónde fue movilizado? ¿Y cuándo? Porque para cuando tomaron Bilbao había pasado casi un año. Antes, hasta el invierno, tuvo a los gudaris en casa -“Se portaron muy bien. Llegaron en invierno del 36″, cuenta- pero, por lo visto, no se le ocurrió ofrecerse al Gobierno Vasco como camillero. Parece, incluso, que tuvo ocasión de escapar: “El tren se paró en Vitoria y bajé a dar un paseo. Estaba cerca de casa, pero tomé el siguiente tren, aunque la mochila iba en el que me bajé”, explica.

Por lo demás, emplea un lenguaje próximo a los vencedores: “yo fui uno de los que liberamos Bilbao”. El subrayado de “liberamos”, puesto por el autor del artículo, parece querer reflejar un tono más o menos humorístico del interlocutor, pero, con tono o con tonillo, resulta doloroso el uso de ese término a estas alturas. Lo mismo cuando valora: “El Cinturón de Hierro era de juguete”. Y más que lo fue con los planos en la mano por traición del propio constructor.

Igual cuando alaba al general golpista Muñoz Grandes diciendo “que se preocupaba por cómo estábamos”. O, hablando de Mola: “lo de Mola tuvo que ser terrible. ¿Cómo se puede imponer el terror? Entonces yo no entendía nada de lo que pasaba…”. Ni condena, ni nada. Un simple lamento. El no sabía nada, no entendía.

En fin, todo es algo confuso, pero se ve que tuvo oportunidades para movilizarse con las tropas leales ala República, y que no lo hizo. “En Puentelarreina tuvo un mes de descanso y le enviaron a Teruel”. Y de allí al frente de Lérida, donde no sólo es camillero, sino que también tuvo que coger el fusil, porque hacían falta soldados. No, no parece que el joven seminarista Bittor, a pesar de que tuvo que coger las armas, estuviera a disgusto con los golpistas, en el bando fascista. De todo ello, quizás lo que queda más claro es que se alistó él con los golpistas.

No deseo avivar viejas heridas, pero me niego a aceptar la ingenuidad y la candidez que parece querer transmitir D. Víctor de cuando tenía veinte años y era un seminarista que se formaba en el seminario de Victoria. Y sus palabras resultan dolorosas para tantos jóvenes de su misma edad y para tantos que dieron su vida en Sabigaina, Gorbea, los Intxortas, Peña Lemona etc, defendiendo a Euskadi y ala República.

Creo que no hubiera estado mal que Deia se hubiera ahorrado esta vivencia que parecía no corresponder en el contexto en que se ha publicado y que a pocos podía interesar.

Fdo. Manu Legarreta

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