MENSAJES ELECTORALES DESDE QUEBEC

Fabio Gonzalez ha  elaborado una interesante reflexión sobre las elecciones celebradas en Canadá el día 19 de Octubre.

Por su actualidad y por su proximidad con las elecciones generales de 20 de D,  Fabio Gonzalez  efectúa un recorrido de los resultados obtenidos  por diferentes formaciones canadienses   , deteniéndose muy especialmente en aquellas formaciones que trabajan por la independencia de  QUEBEC.

Creo que  es una aportación interesante que  quizá nos pueda aportar interesantes puntos de vista para el caso vasco.

canada2s

Mensajes electorales desde Québec por Fabio Gonzalez


 
El lunes 19 de octubre se realizaron elecciones federales en Canadá. Tras ser relegados a la tercera posición en 2011 y fuera del poder desde 2006, los liberales han ganado con una sorprendente mayoría absoluta en el parlamento de Ottawa.

El partido conservador y su candidato, el ya ex Primer Ministro Stephen Harper, han caído a la segunda posición. Por su lado, el socialdemócrata NDP, que dio la campanada en 2011 tras alzarse con la segunda posición a pesar de defender unos planteamientos mucho más a la izquierda de los estándares norteamericanos, no ha cumplido con las expectativas que en septiembre le situaban como ganador y retrocede a un decente pero insuficiente tercer puesto.

El nacionalista Bloc Québécois, que en 2011 pasó de 49 diputados a 4, ha remontado hasta los 10, aunque bajando en porcentaje de voto y sin obtener escaño para su decano líder, Gilles Duceppe, que poco después de los comicios presentó su dimisión para favorecer un cambio generacional.

Precisamente es en Québec, territorio referente para los movimientos nacionalistas contemporáneos, dónde encontramos las claves del desenlace de estas elecciones.

El candidato ganador no es otro que el québécois y francófono Justin Trudeau, hijo del carismático ex Primer Ministro canadiense Pierre Trudeau, también originario de Montréal y férreo adversario del movimiento soberanista de su país.

Trudeau hijo no peca de esta animadversión frontal, aunque desde luego no es amigo de la causa nacional de Québec. Se trata de un federalista canadiense convencido, que ha logrado identificarse con la clase media y los valores asociados a la canadeidad.

Gracias a su imagen fresca y atractiva (con 44 años es el segundo mandatario más joven de la historia) ha sido capaz de llevar al liberalismo a uno de sus mejores resultados, fruto de una campaña magnífica que merece la pena ser estudiada: contra todo pronóstico Trudeau ha sacado de la decadencia a su partido, ha remontado desde la tercera posición a la primera, ha hundido a la competencia en el proceso y ha terminado pasando de 36 a 184 escaños. Se dice pronto.

Por su lado, el Bloc Québécois aunque recupera parte del terreno que en 2011 cedió ante la llamada “ola naranja” del NDP, no ha sabido reimpulsar con éxito el sentimiento independentista y/o nacionalista entre las y los ciudadanos del país. Para mayor gravedad se ha quedado a solo 2 escaños de formar grupo parlamentario, algo que en Canadá es necesario para ser considerado un partido político “oficial” y acceder a financiación y recursos públicos. Veremos si alcanza algún tipo de acuerdo con el nuevo gobierno, aunque en Ottawa no le sobran los aliados.

Habría mucho que analizar en torno a la situación de impasse del soberanismo québécois, ahora que se cumplen 20 años de la traumática derrota del Sí (49,5%) en el referéndum de autodeterminación de Québec de 1995, pero solo me detendré en un aspecto.

Hasta el lunes la nación francófona había votado en bloque por un mismo partido. Desde 1984 y hasta 2011 este partido fue el Bloc, pero en 2011 el NDP dejó fuera de juego al nacionalismo, llevándose 59 escaños de los 75 posibles en este territorio. Sin embargo, aunque no votara en clave nacional, la sociedad de Québec seguía opinando distinto, ya que en la Canadá anglófona arrasaban los conservadores.

Las elecciones de 2015 acaban con este patrón: Québec ya vota igual que Canadá. Este fenómeno no se producía desde antes del primer plebiscito sobre la independencia (1980), lo que da medida de la magnitud de la involución/evolución socioelectoral y cultural que se está experimentando.

En este contexto delicado, el nacionalismo québécois está obligado a reformularse y a reconectar con la sociedad del siglo XXI de su país, si no quiere caer en la lenta agonía que ya acabó con la Union Nationale a finales de los 80.

En este sentido, será interesante seguir el resultado de la contienda electoral para la Asamblea Nacional de Québec, prevista para 2018, en la que la contraparte “provincial” del Bloc, el Parti Québécois y su reconocido líder Pierre Karl Péladeau (hoy en la oposición) harán una apuesta al todo o nada.

Si queremos forzar una analogía con la realidad estatal, algo que el diario El País no ha dudado en realizar de manera entusiasta en su editorial del 22 de octubre titulado “Lecciones canadienses”, cabe considerar al Partido Liberal como un híbrido entre el PSOE y C’s. Les une a su aparente referente canadiense dos candidatos relativamente jóvenes, así como un supuesto mensaje en defensa de la clase media y a favor de la unidad del estado.

El PSOE comparte la esperanza de volver a ser lo que era, tal y como han logrado los de Trudeau, y al partido de Rivera le encantaría, sin duda, que el origen catalán de su cacareado candidato fuera un presagio de lo que en Canadá ya ha materializado el nuevo mandatario, nacido en Québec.

El NDP, por su carácter relativamente nuevo y pretendidamente rompedor, puede ser considerado como un Podemos light a la canadiense. Lo interesante es que lejos de haber capitalizado el sentimiento anti-conservador, ha descarrilado justo antes de llegar a la casilla ganadora.

Sin duda, mensaje para los de Iglesias, que probablemente han seguido la campaña muy de cerca.

Los conservadores son el claro enlace con el PP, si bien ellos han sabido evitar en estos años que la crisis deteriore las condiciones de vida de las y los canadienses, algo sobre lo que el partido de la gaviota no puede presumir.

Su derrota se debe más a la voluntad de cambio de estilo y de valores, similar al abrupto final del aznarismo en 2004. Aún así en Génova son buenos aprendices de las campañas electorales de los demás, por lo que procurarán parecerse más a Cameron que al derrotado Harper.

Por último, la situación del nacionalismo vasco en nada se parece a la del québécois.

El caso más llamativo es el de EAJ-PNV, que afronta en un buen momento el proceso electoral del 20-D, y al que la indisimulada campaña anti-concierto le dota de un leitmotiv con el que movilizar al electorado propio e interpelar a los indecisos.

El caso del soberanismo catalán, por su fuerza e impredicibilidad, tampoco parece tener mucho que ver con el estado actual del Bloc Québécois, aunque sí es cierto que el paralelismo entre el Québec del 95 y la Catalunya de 2015 es inevitable.

Por tanto, parece recomendable seguir interesándose por los fenómenos que ocurren en naciones sin estado de este y del otro lado del Atlántico. Si el objetivo es aprender de los errores y aciertos cometidos nunca está de más leer mensajes de otros lugares, mensaje que en esta ocasión nos llega desde el norte de América.

À bientôt!

Fabio Gonzalez

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: