¿Una instalación, con embarcadero, junto al Guggenheim?

¿Una instalación, con embarcadero, junto al Guggenheim?

                                                             Tomás Uribeetxebarria

La transformación de Bilbao, tan admirada y aclamada por propios y extraños, es ya un hecho. La zona principal del impresionante cambio ha sido sin duda Abandoibarra, y el cambio, en cierta forma, puede darse por concluido. Sin embargo, parece que quedan espacios que, por lo visto, son objeto de deseo de inversores locales o internacionales y que, de no remediarlo con una política urbanística acorde con criterios estéticos y pensando en el servicio y bienestar ciudadanos, me temo se produzcan en ese espacio intervenciones desfavorables y difíciles de aceptar.

En el presente caso quiero referirme a un proyecto que hay de instalar “un restaurante mirador con embarcadero” a pocos metros del Guggenheim, en pleno paseo de Uribitarte y Abandoibarra. Según vi la infografía que acompañaba a la información, no me lo podía creer. No entendía que se pudiera siquiera pensar en construir, o instalar, tanto da, nada tan cerca del Guggenheim. El entorno inmediato del Museo Guggenheim Bilbao debe considerarse de respeto absoluto. Es ámbito propio del Museo, el que corresponde a su renombre y alta categoría artístico-monumental. Un espacio en el que nada debe construirse, ni ahora ni más adelante; y que debiera abarcar, como parece bastante lógico, desde el Puente Zubizuri por un lado, hasta la Pasarela del Padre Arrupe por el otro. Espacio despejado de cualquier elemento que pudiera chocar con la obra de Frank O. Gehry o entorpecer su contemplación. Por eso, resulta francamente desconcertante que se proyecte una instalación enfrente mismo del Guggenheim, a poca distancia de la Torre del Museo, una construcción a ras de tierra, con un voladizo que cruzará la zona verde y el paseo, sobresaliendo más allá del borde de la Ría. E invadirá, dicho sea de paso, el paseo peatonal más transitado y apreciado de Bilbao, paseo que, por lo demás, debe considerarse de derecho adquirido de los bilbaínos.

El Guggenheim Bilbao es una obra única, extraordinaria y de fascinante belleza, obra que establece un hito arquitectónico en el paso del segundo milenio al tercero y goza de reconocimiento universal. Son razones suficientes para  disuadir a los responsables de llevar adelante la idea de colocar una “Instalación” tan próxima a nuestro museo, de eco internacional siempre creciente desde hace veinte años. Sería una grave equivocación, y resultaría chocante con la imagen culta que Bilbao siempre ha ofrecido. Y que lo sea precisamente cuando estamos celebrando su vigésimo aniversario, una ironía dolorosa.

Pasando a otros aspectos, en ningún caso secundarios, la instalación que se proyecta se interpondrá a la vista de las y los visitantes que llegan desde el puente del Ayuntamiento y desde Zubizuri y por el Paseo del Campo Volantin. Y estorbará, claro está, a los infinitos disparos de sus cámaras, que toparán, siempre en primer plano, con una obra a ras de tierra, que rompe con sus ilusiones artísticas y las preciosas perspectivas que van descubriendo a medida que se aproximan al Museo. “¿Qué es eso?” se preguntarán;  “¿A quién se le ha ocurrido plantarlo precisamente ahí?”.

Por otra parte, ¿cómo se puede invocar la “dinamización” de esa zona si se está hablando de la de mayor tránsito de miles de bilbaínos y de visitantes a todas horas y todos los días del año? ¿Y, cómo, además, si lo que se va a hacer es instalar transversalmente un estorbo manifiesto que generará múltiples problemas a tantas actividades que se organizan casi todos los fines de semana, multitudinarias muchas veces, que vienen tanto de un lado como del otro?

Pienso que sería una buena idea que fuera el propio promotor del proyecto quien lo retirara. Sería un gesto hermoso. Si eso no sucediera, será el Consistorio bilbaíno el que deba aprobarlo o denegar la aprobación. El Consistorio, que también es máxima representación de Bilbao y de los bilbaínos. Y el Ayuntamiento es, incluso, miembro del propio Museo. Si se aprobara, quedará como testimonio de una intervención equivocada, y lo digo con el mayor respeto a la voluntad e intencionalidad del proyecto en cuanto tal

Finalmente, el Ayuntamiento, según los medios de comunicación, está interesado en potenciar el valor del cauce de la ría para generar actividad económica, y las solicitudes de nuevos proyectos para ubicarlos en la margen izquierda parece que son numerosas. Está bien el propósito y quizá otorgue valor añadido a lo ya existente. No obstante, confío en que se tendrá presente que el conjunto que va desde el Puente del Ayuntamiento al Palacio Euskalduna, con su paseo y sus espacios verdes, conforma un todo monumental y natural unitario, muy estimado por los bilbaínos y admirado por los visitantes. Y, en cualquier caso, es obligado respetar los paseos peatonales y no tender a abigarrar y restar confortabilidad a la zona más transitada por los bilbaínos como zona de paseo y asueto.

 

CLICA

DEIA:El restaurante sobre la ría deberá modificar su diseño para ser aprobado

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